A menudo nos encontramos con distintas dietas de moda o recomendaciones que prometen sanarnos en un breve plazo. Y es que pareciera ser cada vez más normal encontrarse con amigos, colegas, vecinos o familiares que desarrollan distintos tipos de enfermedades derivadas, en gran medida, por los malos hábitos de vida. Entre estas encontramos la diabetes, los problemas cardíacos, la resistencia a la insulina, el cáncer y una de las mayores epidemias que estaría enfrentando la humanidad: la obesidad.

Para enfrentar estas patologías es fundamental detectar y luego modificar aquellas acciones que nos llevaron a padecerlas. En esta oportunidad nos centraremos en la alimentación y en comprender cómo, realizando pequeños cambios en la fuente principal de obtención de energía, podemos conseguir impensados beneficios para nuestro organismo.

Más grasas buenas y menos carbohidratos

A menudo nos encontramos con la advertencia de que el consumo de carbohidratos está directamente vinculado con un exceso de peso, debido a que generalmente ingerimos a diario dosis muy elevadas respecto al requerimiento óptimo para nuestro organismo y según el tipo de actividad que se realice habitualmente. Probablemente sea usted una de esas personas que opte por incrementar la carga diaria de ejercicios, buscando así disminuir todos aquellos factores de riesgo vinculados a la obesidad y a los problemas metabólicos. Sin embargo, aunque incrementa las horas y los días, los resultados no saltan a la vista y acaba teniendo una frustración cada vez mayor.

Durante los últimos años se ha detectado que incrementar el consumo de grasas y vegetales, pero disminuir al mínimo el de carbohidratos y mantener regular el de proteínas animales, permite llevar al cuerpo a un estado de cetosis celular. Esto significa que ante la ausencia de glucosa, en un periodo prolongado, el cuerpo se ve en la obligación de transformar las grasas en energía, es decir, en el principal combustible de nuestras células.

Cuando hablamos de tener una alimentación cetogénica lo más importante es considerar que nuestras comidas sean lo más naturales posibles, evitando así todos aquellos productos procesados. A su vez, es importante considerar que las principales fuentes de grasas deben ser de vegetales como las paltas, el aceite de coco, el aceite de oliva y los frutos secos en baja cantidad. Respecto a la obtenida de animales, se recomienda que sea de ganado alimentado con pastura y no soya, huevos de criaderos de libre pastoreo y omega-3 de fuentes saludables. Esto debido a que las condiciones en las cuales se encuentra la carne que habitualmente compramos en las grandes cadenas de supermercado carecen de propiedades adecuadas para nuestra salud.

Pero la alimentación cetogénica no solo es beneficioso para enfrentar enfermedades o la obesidad, también es muy recomendada para personas con alto nivel de actividad física y mental, ya que mejora la recuperación muscular, la capacidad de foco y concentración, además de potenciar los niveles de energía.

Para complementar este artículo, les recomendamos el siguiente video explicativo sobre la
alimentación cetogénica, desarrollado por el médico osteópata, Joseph Mercola.

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